EDITORIAL

La metamorfosis de los Asuntos Públicos en el nuevo escenario global

Por Jorge Dell’Oro / Arena Pública Consultores

En la última década, pero con mayor énfasis en los días que corren, el manual de instrucciones de las relaciones internacionales ha sido arrojado a la hoguera. Hemos transitado de un mundo regido por la interdependencia comercial y los tratados de libre comercio a un tablero de ajedrez donde el comercio es el arma y las sanciones son el proyectil.

En este contexto, los departamentos de Asuntos Públicos de las grandes corporaciones —y de aquellas que no lo son tanto— se han visto obligados a dejar de ser meros «relacionistas institucionales» para convertirse en unidades de inteligencia estratégica y supervivencia. Se ha pasado de crear, mantener y cultivar una red de contactos para generar oportunidades de negocio —basada en la confianza y el beneficio mutuo— a la gestión de crisis permanente.

Históricamente, el profesional de Asuntos Públicos se movía en los pasillos del poder buscando influir en regulaciones locales o mejorar la reputación de marca. Hoy, esa labor es insuficiente. Ante la proliferación de descalificaciones a marcas y empresas —o, en algunos casos, al propio empresario—, bloqueos tecnológicos y sanciones cruzadas entre bloques de países, las organizaciones han tenido que evolucionar hacia una función mucho más técnica y defensiva. Ya no basta con contactar al ministro, legislador o funcionario indicado; hoy es vital entender la cadena de suministro global y comprender cómo un decreto o un arancel a diez mil kilómetros de distancia pueden paralizar o anular una operación en cuestión de horas.

Para navegar en estas aguas turbulentas, la estrategia de Asuntos Públicos se ha redefinido en tres ejes fundamentales:

Inteligencia geopolítica

Las áreas de Asuntos Públicos funcionan ahora como radares. No esperan a que se apruebe una ley; analizan las tensiones diplomáticas para predecir dónde caerá la próxima sanción. La capacidad de anticipar una «guerra de aranceles» permite a las empresas diversificar proveedores antes de que el costo resulte prohibitivo.

La empresa como actor político (neutralidad imposible)

En un mundo polarizado, el silencio ya no es una opción segura. Los gobiernos exigen a las empresas alinearse con los intereses nacionales. El rol de Asuntos Públicos aquí es delicado: se centra en gestionar la coherencia ética sin cerrar puertas comerciales vitales, actuando como un puente diplomático privado cuando los puentes públicos se rompen.

Resiliencia regulatoria y cumplimiento de sanciones

El compliance se ha fusionado con los Asuntos Públicos. La complejidad de las sanciones internacionales es tal que un error de interpretación puede significar multas multimillonarias o la exclusión del sistema financiero.

La geopolítica ha dejado de ser una variable externa para convertirse en el corazón de la estrategia corporativa. En un tablero donde cada movimiento es un riesgo, contar con una visión estratégica de Asuntos Públicos no es un lujo decorativo; es el blindaje necesario para garantizar la continuidad y el propósito de la compañía.

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